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ויקרא

Parashat Vayikra

3 páginas · ~5 min de lectura · 18 % de la fuente · Leer la porción completa de la Torá en Sefaria

En Vayikra (“Él llamó”), la primera porción de la Torá en el libro de Levítico, Dios le explica a Moisés los sacrificios que se ofrecían en el Mishkan (el Tabernáculo). Entre ellos hay sacrificios que se quemaban por completo en el altar, ofrendas de harina y aceite, ofrendas de paz, y sacrificios que se traían cuando alguien pecaba sin querer.

Página 1 Levítico 1:1-17

En el desierto, los israelitas acampaban alrededor de la Tienda de Reunión, el Mishkan (el lugar especial donde Dios se encontraba con el pueblo). Desde allí, Dios llamó a Moisés y le dijo que hablara con la gente sobre traer ofrendas.

Si alguien traía un holocausto del ganado, tenía que ser un macho sin ningún defecto. La persona lo llevaba a la entrada, apoyaba su mano sobre la cabeza del animal, y allí lo sacrificaban delante de Dios. Los hijos de Aarón, los kohanim (sacerdotes), rociaban la sangre alrededor de todos los lados del altar. Luego se le quitaba la piel al animal y se lo cortaba en partes. Ponían fuego y leña sobre el altar, y acomodaban las partes, junto con la cabeza y la grasa. Se lavaban con agua las entrañas y las patas, y toda la ofrenda se convertía en humo.

Los holocaustos también podían ser de ovejas o cabras, e incluso de aves como tórtolas o palomas, que el kohen preparaba en el altar.

Página 2 Levítico 2:1-3:17

Dios también describió las ofrendas de grano. Una persona podía traer harina fina, echarle aceite y ponerle incienso encima. El kohen tomaba un puñado como “porción de recuerdo” y lo quemaba en el altar. El resto se convertía en comida para Aarón y sus hijos.

Las ofrendas de grano podían hornearse como tortas o galletas sin levadura, cocinarse en una plancha o hacerse en una cazuela, siempre sin levadura. Cada ofrenda tenía que llevar sal, “la sal del brit (pacto)”, y no se podía quemar en el altar nada con levadura ni miel. Para las primicias, la gente traía grano nuevo, espigas frescas tostadas al fuego, con aceite e incienso, y otra vez solo se quemaba una pequeña porción.

Dios también enseñó sobre las ofrendas de paz. Podían traer del ganado o del rebaño un animal macho o hembra, sin defecto. La persona apoyaba su mano sobre el animal, y los kohanim rociaban la sangre alrededor del altar. Ciertas grasas se quemaban en el altar. Toda la grasa y toda la sangre pertenecían a Dios, así que el pueblo no debía comerlas.

Página 3 Levítico 4:1-5:26

Después, Dios explicó las ofrendas por pecados hechos por error, llamadas chatat, una ofrenda especial que se traía cuando alguien se daba cuenta de que había hecho algo mal sin querer. Si el kohen ungido pecaba, traía un becerro sin defecto. Parte de su sangre se llevaba a la Tienda de Reunión y se rociaba siete veces frente a la cortina. También se ponía sangre en los cuernos del altar del incienso, y el resto se derramaba al pie del altar del holocausto. La grasa se quemaba en el altar, pero el resto del becerro se sacaba fuera del campamento, al lugar de las cenizas, y allí se quemaba.

Si toda la comunidad pecaba sin darse cuenta, los ancianos traían un becerro y se hacía lo mismo. Un jefe traía un macho cabrío. Una persona común traía una cabra hembra o una oveja. Se ponía sangre en los cuernos del altar y se derramaba al pie.

Para ciertos casos de culpa, como tocar algo impuro, no decir un testimonio cuando hacía falta, o hacer un juramento sin pensar, la persona confesaba y traía una oveja o una cabra. Si era pobre, traía dos aves, o incluso una pequeña ofrenda de harina sin aceite ni incienso.

Dios también habló de la reparación: si alguien usaba mal cosas sagradas, o engañaba a otra persona con un depósito, un robo, un fraude o un objeto perdido, devolvía lo que tomó y agregaba una quinta parte, y después traía un carnero como ofrenda de reparación.

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