Después, Dios explicó las ofrendas por pecados hechos por error, llamadas chatat, una ofrenda especial que se traía cuando alguien se daba cuenta de que había hecho algo mal sin querer. Si el kohen ungido pecaba, traía un becerro sin defecto. Parte de su sangre se llevaba a la Tienda de Reunión y se rociaba siete veces frente a la cortina. También se ponía sangre en los cuernos del altar del incienso, y el resto se derramaba al pie del altar del holocausto. La grasa se quemaba en el altar, pero el resto del becerro se sacaba fuera del campamento, al lugar de las cenizas, y allí se quemaba.
Si toda la comunidad pecaba sin darse cuenta, los ancianos traían un becerro y se hacía lo mismo. Un jefe traía un macho cabrío. Una persona común traía una cabra hembra o una oveja. Se ponía sangre en los cuernos del altar y se derramaba al pie.
Para ciertos casos de culpa, como tocar algo impuro, no decir un testimonio cuando hacía falta, o hacer un juramento sin pensar, la persona confesaba y traía una oveja o una cabra. Si era pobre, traía dos aves, o incluso una pequeña ofrenda de harina sin aceite ni incienso.
Dios también habló de la reparación: si alguien usaba mal cosas sagradas, o engañaba a otra persona con un depósito, un robo, un fraude o un objeto perdido, devolvía lo que tomó y agregaba una quinta parte, y después traía un carnero como ofrenda de reparación.