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בא

Parashat Bo

3 páginas · ~5 min de lectura · 22 % de la fuente · Leer en Sefaria

Bo (“Ven”) cuenta las últimas tres plagas que Dios trae sobre los egipcios: langostas, oscuridad y la muerte de los primogénitos. Dios manda a los israelitas preparar el sacrificio de Pesaj. Después de la última plaga, Faraón y los egipcios exigen que los israelitas se vayan.

Página 1 Exodus 10:1-20

Dios envió a Moisés otra vez a ver a Faraón y le dijo que estas señales debían recordarse y contarse a los hijos y a los nietos. Moisés y Aarón advirtieron a Faraón: “¿Hasta cuándo te vas a negar? Deja ir a mi pueblo para que me sirva. Si te niegas, mañana vendrán langostas y cubrirán la tierra. Se comerán lo que dejó el granizo, la hierba, la fruta y los árboles, hasta que no quede nada verde.”

Los consejeros de Faraón le suplicaron: “¡Egipto está destruido, déjalos ir!” Faraón preguntó: “¿Quiénes irán?” Moisés respondió: “Iremos todos, hijos e hijas, jóvenes y mayores, con nuestras ovejas y nuestras vacas, porque tenemos una fiesta para Dios.” Pero Faraón se negó y los echó.

Entonces Moisés extendió su vara, y Dios mandó un viento del oriente todo el día y toda la noche. Por la mañana llegaron las langostas, en una masa tan espesa que tapaba el suelo y oscurecía el país. Se comieron todo lo que quedaba. Faraón llamó de prisa a Moisés: “He pecado. Perdóname y pídele a Dios que quite esto.” Moisés oró, y Dios envió un viento fuerte del occidente que barrió todas las langostas y las arrojó al mar Bermejo. Pero el corazón de Faraón siguió terco, y todavía no dejó ir a Israel.

Página 2 Exodus 10:21-11:10

Dios le dijo a Moisés que extendiera su mano hacia el cielo. Una oscuridad “que se podía palpar” cubrió Egipto durante tres días. La gente no podía verse ni moverse de su lugar, pero los israelitas tenían luz en sus casas.

Faraón mandó llamar a Moisés e intentó otro trato: “Vayan a servir a Dios, pero dejen aquí sus ovejas y sus vacas.” Moisés dijo que no, que “no quedará ni una uña”, porque necesitarían animales para servir a Dios y solo sabrían qué ofrecer cuando llegaran. Faraón gritó: “¡Vete de mí! No vuelvas a ver mi rostro, porque el día que lo veas, morirás.” Moisés respondió: “Bien has dicho, no veré más tu rostro.”

Dios le dijo a Moisés que venía una plaga más. Moisés anunció que a la medianoche moriría todo primogénito en Egipto, desde el primogénito de Faraón hasta el de la casa más humilde, y también los primogénitos del ganado. Habría un gran clamor, pero ni un perro movería su lengua contra Israel, para mostrar que Dios hace diferencia. Dios también dijo al pueblo que pidiera a sus vecinos objetos de plata y de oro, y los egipcios se los dieron de buena gana.

Página 3 Exodus 12:1-51; 13:1-16

En Egipto, Dios le dio a Israel un nuevo comienzo para contar los meses. El día diez, cada familia tomó un cordero (o un cabrito) de un año, sin defecto. Si una casa era pequeña, lo compartía con sus vecinos. El día catorce, al atardecer, lo sacrificaban, ponían su sangre en los postes de la puerta y en el dintel, y comían la carne asada con matzá (pan sin levadura) y hierbas amargas, listos para salir, con sandalias puestas y el bastón en la mano.

Esto se llamó Pesaj, una palabra en hebreo que significa “pasar por encima”, porque Dios vería la sangre y pasaría por encima de las casas de los israelitas cuando castigara a los primogénitos de Egipto. A la medianoche murieron los primogénitos de Egipto, y se oyó un grito enorme. Faraón llamó a Moisés y a Aarón en la noche: “Levántense, salgan. Llévense sus ovejas y sus vacas y vayan a servir a Dios.” Los egipcios los apuraron para que se fueran rápido.

Los israelitas salieron con la masa todavía sin fermentar, llevando los tazones para amasar envueltos en sus mantos. Tomaron plata, oro y ropa, y viajaron de Rameses a Succot, unos seiscientos mil hombres a pie, además de otras personas y mucho ganado. Dios les mandó consagrar a Él todo primogénito y recordar este rescate año tras año.

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