La mujer tuvo a Caín, diciendo que había ganado a alguien nuevo con la ayuda de Dios, y después tuvo a Abel. Abel fue pastor de ovejas, y Caín trabajó la tierra. Con el tiempo, Caín trajo una ofrenda del fruto de la tierra, y Abel trajo lo mejor, las primeras crías de su rebaño. Dios miró con agrado la ofrenda de Abel, pero no la de Caín, y Caín se puso muy triste y enojado. Dios le advirtió que, si no hacía lo correcto, el pecado estaba agazapado a la puerta, empujándolo, pero que él podía dominarlo.
Caín atacó a Abel en el campo y lo mató. Dios preguntó: “¿Dónde está tu hermano Abel?” Caín respondió: “No sé. ¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?” Dios dijo que la sangre de Abel clamaba desde la tierra. Caín fue maldecido para ser un caminante sin descanso, y Dios puso una señal en él para que nadie lo matara.
Caín se estableció en Nod, al oriente de Edén. Más tarde, Adán y Eva tuvieron otro hijo, Set, y luego Enós; y desde entonces la gente empezó a invocar a Dios por Su nombre. A medida que la gente aumentaba, la maldad se hizo muy grande, y Dios lamentó haber creado a la humanidad. Pero Noé halló favor ante Dios.