Jacob se estableció en la tierra de Canaán. José, que tenía diecisiete años, ayudaba a sus hermanos con los rebaños y a veces le contaba a su padre cuando ellos se portaban mal. Israel (otro nombre de Jacob) amaba a José más que a todos, y le hizo una ketonet passim, una túnica especial y adornada que lo hacía destacar. Sus hermanos lo odiaban y no podían hablarle con cariño.
José les contó dos sueños: en uno, sus manojos de trigo se inclinaban ante el de él; en el otro, el sol, la luna y once estrellas se inclinaban ante él. Sus hermanos se enojaron todavía más, aunque Jacob se quedó pensando en lo que significaría.
Tiempo después, Jacob envió a José desde el valle de Hebrón para ver cómo estaban sus hermanos cerca de Siquem. José anduvo buscando por el campo, y un hombre lo encontró y le dijo que habían ido a Dothán. Cuando los hermanos vieron a José venir de lejos, hicieron un plan para matarlo. Rubén les pidió que no derramaran sangre, así que le quitaron su túnica y lo echaron en una cisterna vacía.
Luego vieron pasar a unos Ismaelitas que iban rumbo a Egipto, con camellos cargados de aromas, bálsamo y mirra. Judá propuso vender a José en vez de hacerle daño, y lo vendieron por veinte piezas de plata. Después mancharon la túnica con sangre de cabrito y se la llevaron a Jacob. Jacob lloró y estuvo de duelo por José por muchos días.