En el desierto de Parán, cerca de Cades, Dios le habló a Moisés: “Envía hombres para reconocer la tierra de Canaán que Yo doy a los hijos de Israel. Envía un príncipe de cada tribu”. Moisés eligió a doce líderes, entre ellos Caleb, de la tribu de Judá, y Oseas hijo de Nun, a quien Moisés le cambió el nombre a Josué.
Moisés les dio instrucciones muy claras: “Suban por el Néguev y luego al monte. Fíjense cómo es la tierra y cómo es el pueblo que vive allí: si es fuerte o débil, si son pocos o muchos. Miren si las ciudades son abiertas o fortificadas. Vean si la tierra es buena, si hay árboles, y tráiganse algo del fruto”.
Era la época de las primeras uvas maduras. Los hombres recorrieron la tierra desde el desierto de Zin hasta Rehob, y llegaron a Hebrón, donde vivían los hijos de Anac. En el arroyo de Escol cortaron un racimo de uvas enorme, tan pesado que dos hombres lo cargaron en un palo. También trajeron granadas e higos. Después de cuarenta días, regresaron al campamento para contar lo que habían visto.