Cuando el arca estuvo lista, Dios dijo: “Entra en el arca con toda tu familia, porque a ti te he visto justo en esta generación”. Dios también le dijo a Noé que llevara siete parejas de animales puros y siete parejas de aves, y dos de los animales que no eran puros. En siete días empezaría la lluvia.
Noé tenía seiscientos años cuando llegó el Diluvio. En el día señalado, se rompieron las fuentes del gran abismo y se abrieron las cataratas del cielo. Llovió cuarenta días y cuarenta noches. Noé y su familia entraron al arca con los animales, y Dios cerró la puerta.
El agua subió hasta cubrir incluso las montañas más altas, quince codos por encima. Todo lo que estaba en tierra firme y tenía aliento de vida murió. Solo quedaron Noé y los que estaban con él en el arca.
Después de ciento cincuenta días, Dios se acordó de Noé y de todos los seres vivos que estaban con él. Dios hizo pasar un viento, la lluvia se detuvo y las aguas empezaron a bajar. En el mes séptimo, el día diecisiete, el arca descansó sobre los montes de Ararat, y más tarde se vieron las cimas de las montañas.