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Parashat Miketz

3 páginas · ~5 min de lectura · 17 % de la fuente · Leer la porción completa de la Torá en Sefaria

Miketz (“Después”) sigue a José cuando interpreta los sueños del Faraón y llega a ser el segundo al mando en Egipto. Cuando los hermanos de José llegan a Egipto buscando comida durante una gran hambruna, José los acusa de ser espías. Les exige que vuelvan con su hermano menor, Benjamín, y más tarde esconde una copa en el saco de Benjamín.

Página 1 Génesis 41:1-57

Pasaron dos años. El Faraón soñó que estaba junto al río Nilo: subían siete vacas fuertes y sanas para pastar, y después subían otras siete vacas feas y flacas que se comían a las primeras. Se despertó, volvió a dormirse y soñó otra vez: siete espigas llenas y hermosas crecían en un solo tallo, y luego salían siete espigas delgadas, quemadas por el viento del este, que se tragaban a las buenas. Por la mañana, el Faraón llamó a sus magos y sabios, pero nadie pudo explicarle el sueño.

Entonces el jefe de los coperos se acordó de José, un joven hebreo que estaba en la cárcel y que sabía interpretar sueños. El Faraón mandó a buscar a José, y José dijo: «No depende de mí; Dios se encargará de la paz del Faraón». José explicó que los dos sueños eran un solo mensaje: venían siete años de mucha abundancia, y después siete años de una hambruna terrible. José le aconsejó al Faraón elegir a un líder prudente y guardar grano en las ciudades durante los años buenos.

El Faraón puso a José a cargo de Egipto, con autoridad solo por debajo del trono. José tenía treinta años, y recorrió toda la tierra organizando los depósitos, hasta que el grano fue tanto que ya no se podía contar.

Página 2 Génesis 42:1-43:34

Cuando empezó la hambruna, en Egipto todavía había pan, porque José repartía el grano con cuidado. La gente le pidió comida al Faraón, y el Faraón dijo: «Vayan a José; hagan lo que él les diga». Pronto el hambre llegó también a Canaán. Jacob envió a diez de sus hijos a Egipto para comprar alimento, pero dejó a Benjamín en casa.

José era el mishneh, es decir, el segundo al mando del Faraón, el que entregaba las raciones. Cuando sus hermanos llegaron, se inclinaron hasta el suelo, pero no lo reconocieron. José les habló con dureza y los acusó de ser espías. Ellos insistieron en que eran hermanos honestos, doce en total, con el menor en casa y uno que «ya no está». José los puso a prueba: un hermano se quedaría preso, los demás volverían con comida, y tenían que traer a Benjamín.

José mandó atar a Simeón y dejó que los otros se fueran con provisiones, pero en secreto devolvió el dinero de cada uno dentro de su saco. En el camino encontraron el dinero y temblaron, diciendo: «¿Qué es esto que Dios nos ha hecho?»

Página 3 Génesis 44:1-17

La hambruna siguió siendo muy dura, y al final Jacob dejó que Benjamín fuera con ellos. Mandó regalos: bálsamo, miel, especias, mirra, nueces y almendras, y también el doble de dinero. En Egipto, José ordenó que prepararan una comida en su casa. Los hermanos tuvieron miedo por el dinero que había vuelto en sus sacos, pero el mayordomo les dijo que Dios había puesto un tesoro en sus bolsas, y sacó a Simeón para que estuviera con ellos.

José vio a Benjamín y dijo: «Dios tenga misericordia de ti, hijo mío». Después de la comida, José le ordenó a su mayordomo llenar sus sacos con alimento, devolver otra vez el dinero, y esconder la copa de plata de José en el saco de Benjamín.

Al amanecer salieron, pero el mayordomo los alcanzó y los acusó. Ellos protestaron y dijeron que el que tuviera la copa sería esclavo. Buscaron empezando por el mayor y terminando por el menor, y la copa apareció en el saco de Benjamín. Los hermanos rasgaron su ropa y regresaron. Judá y los demás se postraron ante José, pero José dijo que solo el que tenía la copa sería su esclavo, y que los demás podían irse en paz con su padre.

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