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אחרי מות

Parashat Ajarei Mot

3 páginas · ~5 min de lectura · 29 % de la fuente · Leer la porción completa de la Torá en Sefaria

Ajarei Mot (“Después de la muerte”) comienza describiendo el servicio especial de Yom Kipur, el Día de la Expiación. Luego explica que está prohibido ofrecer sacrificios fuera del Tabernáculo y también comer sangre de animales, y termina con una lista de relaciones sexuales prohibidas.

Página 1 Levítico 16:1-34

Después de la muerte de los dos hijos de Aarón, que se habían acercado demasiado a la presencia de Dios, Dios le habló a Moisés con instrucciones muy cuidadosas. Moisés le dijo a Aarón que no podía entrar al Santuario detrás de la cortina cuando quisiera, porque Dios aparece en una nube sobre la cubierta del arca.

Solo en Yom Kipur, el Día de la Expiación, el kohen gadol podía entrar de esa manera para hacer kapará por el pueblo. Aarón tenía que bañarse con agua y ponerse ropa especial de lino: una túnica, calzones, una faja y un turbante. Traía un becerro como ofrenda de purificación por él y por su familia, y un carnero como ofrenda quemada.

De la comunidad tomaba dos machos cabríos. Se echaban suertes sobre ellos: una para Dios y otra para Azazel. Aarón ofrecía el macho cabrío que salía para Dios, y llevaba incienso y brasas encendidas detrás de la cortina para que una nube de incienso cubriera el lugar sagrado. Luego rociaba sangre con su dedo para purificar el Santuario, la Tienda de Reunión y el altar. Después ponía sus dos manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo, confesaba sobre él las faltas del pueblo, y hacía que lo llevaran al desierto para que se las llevara lejos.

Página 2 Levítico 17:1-16

Luego Dios le dio a Moisés más mandatos para Aarón, sus hijos y todos los israelitas. Si alguien degollaba un buey, una oveja o una cabra, dentro del campamento o fuera de él, y no lo llevaba a la entrada de la Tienda de Reunión como ofrenda, esa persona era culpable de derramar sangre y sería apartada del pueblo. Los sacrificios debían llevarse al sacerdote, quien rociaba la sangre sobre el altar y hacía que la grasa se quemara, subiendo como un olor agradable para Dios. Así el pueblo no se desviaría siguiendo a los demonios-cabra.

Dios también ordenó que nadie, ni israelita ni extranjero que viviera entre ellos, podía comer sangre. La vida del cuerpo está en la sangre, y Dios la destinó para hacer expiación sobre el altar. Cuando alguien cazaba un animal o un ave que se pudiera comer, tenía que derramar su sangre y cubrirla con tierra.

Si alguien comía un animal que había muerto solo o que una fiera había despedazado, debía lavar su ropa, bañarse y quedar impuro hasta la tarde. Si no se lavaba, cargaría con culpa.

Página 3 Levítico 18:1-30

Dios le dijo a Moisés que hablara con el pueblo: no debían copiar las costumbres de Egipto, donde habían vivido, ni las de Canaán, adonde iban. Debían seguir las reglas y las leyes de Dios.

Después vinieron límites muy estrictos para la vida familiar. Se advirtió a los israelitas que no trataran a sus parientes cercanos de maneras prohibidas, como con un padre o una madre, un padrastro o una madrastra, un hermano o una hermana, un nieto o una nieta, una tía, la esposa de un tío, una nuera o la esposa de un hermano. También se les dijo que no tomaran a una mujer y a su hija, o a su nieta, y que no tomaran a una esposa como rival de su hermana mientras la hermana viviera. Se les advirtió que no se acercaran a una mujer durante su período menstrual, y que no tuvieran relaciones con la esposa de un vecino.

Dios también prohibió ofrecer niños a Molech y ordenó no manchar el nombre de Dios. Se mencionaron otras acciones prohibidas también. Dios dijo que la tierra ya se había contaminado por esas prácticas antes, y advirtió a Israel que no hiciera lo mismo, ni el ciudadano ni el extranjero, para que la tierra no “vomitara” a sus habitantes.

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