Dios le dijo a Moisés que hiciera dos trompetas de plata, labradas a martillo. Los sacerdotes, los hijos de Aarón, las usaban: un toque largo llamaba a todos a la Tienda de Reunión, y toques cortos avisaban que era hora de marchar. En las fiestas y en los comienzos de mes, las trompetas sonaban sobre las ofrendas como un recordatorio delante de Dios.
El día veinte del segundo mes, la nube se levantó e Israel salió del Sinaí. Viajaron en un orden, tribu por tribu, mientras el Arca iba delante buscando un lugar para descansar. Moisés le pidió a Hobab, su pariente midianita, que los guiara por el desierto.
Pronto el pueblo se quejó, y un fuego enviado por Dios quemó en el borde del campamento hasta que Moisés oró y se apagó. Más tarde lloraron pidiendo carne, recordando la comida de Egipto y despreciando el maná. Dios le dijo a Moisés que reuniera a setenta ancianos. Dios compartió el espíritu de Moisés con ellos, y hasta Eldad y Medad hablaron en el campamento. Luego un viento trajo codornices, pero mientras todavía tenían la carne en la boca, llegó una plaga muy fuerte. A ese lugar lo llamaron Kibroth-hattaavah, que significa “tumbas del deseo”.
En Hazeroth, Miriam y Aarón hablaron contra Moisés. Dios defendió a Moisés, y Miriam fue herida con manchas blancas como nieve. Moisés oró, y ella se quedó fuera del campamento siete días. El pueblo esperó hasta que ella volvió, y entonces siguieron adelante hacia Parán.