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ראה

Parashat Re'eh

3 páginas · ~4 min de lectura · 17 % de la fuente · Leer la porción completa de la Torá en Sefaria

Re’eh (“Mira”) detalla una serie de leyes antes de que el pueblo de Israel entre a la Tierra de Israel. Estas incluyen la obligación de destruir la idolatría, leyes de diezmos y caridad, leyes dietéticas, leyes de festividades, y la prohibición de ofrecer sacrificios fuera del lugar designado por Dios.

Página 1 Deuteronomio 11:26-30

Moisés se paró frente al pueblo de Israel y dijo: “Miren, hoy pongo delante de ustedes una bendición y una maldición. Bendición si obedecen los mandamientos de Dios, y maldición si se apartan y siguen a otros dioses que no han conocido”. A esos mandamientos los llamó mitzvot, las cosas que sí y las cosas que no, que van marcando cómo vive una persona cada día.

Luego señaló hacia el otro lado del Jordán, donde se veían dos montes. “Cuando Dios los haga entrar en la tierra que están por entrar y poseer, dirán la bendición en el monte Gerizim y la maldición en el monte Ebal”. Moisés también explicó dónde estaban esos montes: del otro lado del Jordán, cerca de Gilgal, junto a los llanos de Moreh. Pronto cruzarían el río, se instalarían y construirían hogares. “Cuando ya estén viviendo allí”, advirtió, “tengan cuidado de cumplir todas las leyes y reglas que hoy les digo”.

Página 2 Deuteronomio 12:1-28; 14:1-21; 15:7-11

Moisés explicó cómo debía ser la vida en la tierra. Primero dijo que debían destruir los lugares donde los pueblos que vivían allí adoraban a sus dioses, en montes, colinas y debajo de árboles frondosos. “Derriben sus altares, rompan sus pilares, quemen sus postes sagrados y destruyan sus imágenes”, dijo, “para que sus nombres desaparezcan de ese lugar”. No debían adorar a Dios de esas maneras.

En cambio, debían ir a un solo lugar, el lugar que Dios elegiría entre las tribus para hacer que Su Nombre habite allí. Allí llevarían ofrendas, diezmos y regalos, y comerían y celebrarían con su familia, con hijos e hijas, con siervos y siervas, y con el Levita, que no tenía tierra propia.

Podían comer carne en sus ciudades, pero nunca sangre, porque la sangre es la vida. Debía derramarse en la tierra como agua. Moisés también nombró comidas permitidas y no permitidas, y repitió: “No cocerás el cabrito en la leche de su madre”. Y agregó algo más: no endurezcan el corazón cuando vean a alguien necesitado. Abran la mano y presten lo que haga falta, incluso cuando ya se acerque el séptimo año, el año en que se perdonan las deudas.

Página 3 Deuteronomio 16:1-17; 14:22-29

Después, Moisés habló de los momentos del año en los que el pueblo se reuniría para servir a Dios. “Cuiden el mes de Abib”, dijo, “y traigan el sacrificio de Pésaj, porque Dios los sacó de Egipto de noche”. Durante siete días debían comer pan sin levadura y no tener levadura en todo su territorio. El sacrificio de Pésaj no podía hacerse en cualquier ciudad. Tenía que llevarse al lugar que Dios elegiría, y no debía quedar carne para la mañana.

Luego habló de contar siete semanas desde el momento en que la hoz empezara a cortar el grano. Entonces celebrarían Shavuot, la Fiesta de las Semanas, con un regalo voluntario, cada uno según la bendición que Dios le hubiera dado. Y después de la cosecha, celebrarían Sucot, la Fiesta de las Cabañas, durante siete días, alegrándose con la familia, con los sirvientes, con el Levita y con quienes necesitaban ayuda.

Moisés también describió el diezmo del tercer año, que se guardaba en las ciudades para que el Levita, el extranjero, el huérfano y la viuda pudieran venir y comer hasta quedar satisfechos. Y dijo que tres veces al año todos los varones debían presentarse ante Dios en el lugar elegido, sin ir con las manos vacías, sino llevando un regalo.

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