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דברים

Parashat Devarim

3 páginas · ~5 min de lectura · 23 % de la fuente · Leer en Sefaria

Devarim (“Palabras”) es la primera porción de la Torá en el libro de Deuteronomio, el último libro de la Torá. En ella, Moisés recuerda momentos del viaje del pueblo de Israel por el desierto, como el nombramiento de jueces, el pecado de los espías y las guerras contra los reyes emorreos Sehón y Og.

Página 1 Deuteronomy 1:1-18

En el año cuarenta después de salir de Egipto, el primer día del mes undécimo, Moisés habló a todo Israel del otro lado del Jordán, en la tierra de Moab. Esta porción de la Torá se llama Devarim, una palabra en hebreo que significa “palabras”, porque empieza con las palabras de Moisés mientras explica la Enseñanza.

Moisés les recordó que desde Horeb hasta Cades-barnea hay un viaje de once días, y aun así su camino había durado muchísimo más. Repitió la orden de Dios desde Horeb: “Ya han estado bastante tiempo en este monte. Den la vuelta, pónganse en marcha y vayan hacia la región montañosa y hacia la tierra que juré a Abraham, Isaac y Jacob”.

Luego Moisés contó que él había dicho: “Yo no puedo llevarlos yo solo”. El pueblo había crecido y eran tantos como las estrellas del cielo. Así que eligieron líderes sabios, entendidos y con experiencia, y Moisés los nombró jefes de grupos de miles, de cientos, de cincuenta y de diez. A los jueces les encargó: “Escuchen a todos con justicia, sea israelita o extranjero. No tengan favoritismos. No le tengan miedo a nadie, porque el juicio es de Dios”.

Página 2 Deuteronomy 1:19-46

Moisés siguió contando: el pueblo viajó por aquel desierto grande y terrible y llegó a Cades-barnea, cerca de la región montañosa del Amorrheo. Moisés les dijo: “Dios ha puesto la tierra delante de ustedes. Suban y tomen posesión. No tengan miedo”.

Pero el pueblo pidió enviar hombres por delante para explorar. A Moisés le pareció bien y eligió a doce, uno de cada tribu. Subieron, exploraron hasta la arroyada de Escol y trajeron frutos. “Es una buena tierra”, informaron.

Aun así, el campamento no quiso subir. En sus tiendas se quejaron diciendo que Dios los había sacado para destruirlos, y tuvieron miedo de gente fuerte y alta, y de ciudades con murallas “hasta el cielo”, e incluso de los anaquitas. Moisés respondió: “No les tengan terror. Dios va delante de ustedes y peleará por ustedes”, y les recordó cómo Dios los había llevado en el desierto como un padre carga a su hijo.

Dios se enojó. Solo Caleb vería la tierra; Josué entraría y guiaría al pueblo. Incluso a Moisés le dijeron que no entraría. El pueblo intentó subir a pelear de todos modos, pero sin la ayuda de Dios fueron perseguidos y derrotados, y regresaron llorando.

Página 3 Deuteronomy 2:1-3:22

Después de quedarse mucho tiempo en Cades, Israel dio la vuelta hacia el desierto por el camino del mar Bermejo. Pasaron años, treinta y ocho desde Cades-barnea hasta que cruzaron la arroyada de Zered, hasta que ya no quedó aquella generación de guerreros.

Entonces Dios dijo: “Vayan hacia el norte”. Moisés advirtió al pueblo que fueran cuidadosos con sus parientes: no provoquen a los descendientes de Esaú en Seir, y no molesten a Moab ni a Ammón, porque Dios les había dado esas tierras a ellos. En el camino, Israel incluso compró comida y agua, y Moisés dijo que durante cuarenta años no les había faltado nada.

En la arroyada de Arnón, Dios le dijo a Moisés que empezara la lucha con Sehón, rey de Hesbón. Primero Moisés envió una propuesta de paz, pidiendo quedarse en el camino principal y pagar por lo que necesitaran, pero Sehón se negó. Dios entregó a Sehón en manos de Israel en Jahaz, y capturaron las ciudades.

Después vino Og, rey de Basán, en Edrei. Dios dijo: “No tengas miedo”, y Og también fue derrotado. Moisés contó cómo la tierra al oriente del Jordán se repartió entre Rubén, Gad y la mitad de Manasés, y les encargó a los guerreros que ayudaran a sus hermanos israelitas. También animó a Josué: “Ustedes vieron lo que Dios hizo con estos reyes; Dios peleará por ustedes”.

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