Dios habló con Moisés: “Habla a los sacerdotes, los hijos de Aarón”. Moisés los reunió cerca del Mishkan (Tabernáculo) y les explicó que su trabajo era muy especial, así que tenían reglas extra. Un kohen (sacerdote) no debía volverse impuro por tocar a una persona muerta, excepto si era un familiar muy cercano: su madre, su padre, su hijo, su hija, su hermano, o una hermana que no estuviera casada.
Tampoco podían raparse la cabeza, ni cortar las puntas de la barba, ni hacerse heridas en la piel.
Como ellos traían ofrendas, tenían que cuidar lo que era kadosh (santo). No debían casarse con una mujer conocida por prostitución ni con una mujer divorciada. El kohen gadol (sumo sacerdote) tenía reglas todavía más estrictas, y solo podía casarse con una virgen.
Dios también dijo que un kohen con un defecto físico no podía servir en el altar, aunque sí podía comer la comida sagrada. Los kohanim debían ser muy cuidadosos con las donaciones sagradas: si estaban impuros, esperaban hasta la tarde después de lavarse. Casi nadie más podía comer esa comida, aunque la hija de un kohen sí podía si volvía a la casa de su padre, viuda o divorciada y sin hijos.