La noticia llegó al palacio de Faraón: los hermanos de José habían venido, y a Faraón le agradó. Le dijo a José que los mandara de regreso rápido: “Tomad a vuestro padre y vuestras familias, y venid a mí, que yo os daré lo bueno de la tierra de Egipto”. Faraón hasta les dio carros para los niños y las mujeres.
José le dio ropa a cada hermano, y a Benjamín le dio trescientas piezas de plata y varias mudas de vestidos. Para Jacob mandó diez asnos cargados de lo mejor de Egipto y diez asnas con trigo, pan y comida para el camino. Cuando se iban, José les advirtió: “No riñáis por el camino”.
En Canaán, los hermanos le dijeron a Jacob: “¡José todavía vive, y es gobernador en toda la tierra de Egipto!” Al principio, el corazón de Jacob se quedó como dormido y no les creyó. Pero cuando vio los carros y escuchó las palabras de José, su espíritu volvió. “Basta”, dijo. “Iré, y le veré antes que yo muera”.
En Beer-sheba, Jacob ofreció sacrificios a Dios, y en una visión de noche Dios le dijo que no tuviera miedo de bajar a Egipto, y le prometió que José estaría con él. Así que la familia viajó con su ganado hacia Gosén.