En las llanuras de Moab, junto al Jordán, cerca de Jericó, Dios le dijo a Moisés lo que debía pasar después de que el pueblo cruzara a Canaán. Tenían que expulsar a los habitantes, destruir los objetos con figuras y las imágenes de metal fundido, y derribar los lugares de culto. Dios advirtió que, si dejaban que algunos se quedaran, se convertirían en “pinchazos” y “espinas”, causando problemas en la tierra. Dios también describió las fronteras de la tierra. Al sur, el límite iba desde el desierto de Zin junto a Edom, empezando en la punta del mar Muerto, pasando al sur de la subida de Akrabbim, llegando al sur de Cades-barnea, y luego hasta Hazar-addar y Azmon, girando hacia el Wadi de Egipto y terminando en el mar. Al oeste estaba el Gran Mar. Al norte, el límite iba desde el Gran Mar hasta el monte de Hor, luego a Lebo-hamath, Zedad, Ziphron y Hazar-enan. Al este, iba desde Hazar-enan hasta Shepham, bajaba a Riblah, seguía por las laderas orientales del mar de Chinnereth, y luego bajaba por el Jordán hasta el mar Muerto. La tierra se repartiría por sorteo entre las nueve tribus y media, y Eleazar y Josué estarían a cargo de supervisar el reparto.