Dios le dijo a Moisés: “Se acerca el tiempo de tu muerte. Llama a Josué y preséntense en la Tienda de Reunión”. Moisés y Josué fueron, y Dios apareció en una columna de nube, en la entrada.
Dios le advirtió a Moisés que, después de entrar en la tierra, el pueblo podría desviarse tras dioses ajenos, romper el pacto y enfrentar muchos problemas. Dirían: “Seguro es porque nuestro Dios no está con nosotros”, pero aun así Dios ocultaría Su rostro por las decisiones que tomaran.
Entonces Dios le ordenó a Moisés que escribiera un poema y que se lo enseñara a Israel, para que quedara como testigo. Ese mismo día Moisés lo escribió y lo enseñó. Dios también le dio una misión a Josué: “Sé fuerte y firme, porque tú llevarás a los hijos de Israel a la tierra que prometí, y Yo estaré contigo”.
Cuando Moisés terminó de escribir la Torá, la Enseñanza de Dios, les dijo a los levitas que pusieran el libro junto al Arca, como testigo. Reunió a los ancianos y a los oficiales, llamó a los cielos y a la tierra como testigos, y luego recitó el poema a toda la congregación.