El censo nombró a las tribus y a sus familias, y también recordó cosas que habían pasado antes en el desierto. En la familia de Rubén, Moisés mencionó a Datán y Abiram, los hombres que habían causado problemas con el grupo de Coré. La tierra los tragó, pero los hijos de Coré no murieron.
A los Levitas los contaron aparte: 23,000 varones desde un mes de edad en adelante, porque ellos no recibirían una parte de tierra como las otras tribus.
Dios explicó que la tierra se repartiría entre las tribus: los grupos más grandes recibirían porciones más grandes, y los grupos más pequeños, porciones más pequeñas. Y los lugares exactos se decidirían por sorteo.
Entonces las hijas de Tzelofjad, Maala, Noa, Hogla, Milca y Tirsa, se presentaron ante Moisés, ante Eleazar el sacerdote, ante los jefes y ante toda la comunidad, a la entrada del Ohel Moed (la Tienda de Reunión). Su papá había muerto en el desierto y no había dejado hijos varones. Ellas pidieron recibir su parte, para que el nombre de su padre no se perdiera. Moisés llevó su caso ante Dios, y Dios dijo que su pedido era justo, y así se establecieron reglas de herencia cuando no hay hijo varón.