Moisés preguntó: “¿Qué pide Dios de ustedes?” Y respondió: respetar a Dios, caminar por Sus caminos, amar y servir a Dios con todo el corazón y con toda el alma, y guardar Sus mandamientos. Moisés usó una palabra en hebreo, mitzvot, que significa los mandamientos de Dios, las acciones que Israel debía hacer cada día.
Moisés les recordó que los cielos y la tierra le pertenecen a Dios, y aun así Dios eligió con amor a sus antepasados. Dios no tiene favoritos y no acepta sobornos, pero defiende al huérfano y a la viuda, y cuida al extranjero dándole comida y ropa. Por eso Israel también debía cuidar al extranjero, recordando Egipto.
Dijo que los niños que estaban por entrar a la tierra no habían visto todo, pero los adultos sí: la derrota de Egipto, el Mar de Juncos y el desierto. La nueva tierra no se regaría como Egipto, sino que bebería la lluvia del cielo, y Dios la cuidaría todo el año.
Si Israel servía a otros dioses, el cielo podía cerrarse y la tierra dejaría de dar alimento. Por eso Moisés les dijo que guardaran estas palabras muy cerca, que se las enseñaran a sus hijos, que hablaran de ellas en casa y en el camino, y que las escribieran en los postes de sus puertas y en sus portones. Si se mantenían unidos a Dios, nadie podría hacerles frente, y sus fronteras se extenderían desde el desierto hasta el Líbano, desde el Éufrates hasta el Mar Occidental.