Después, Moisés habló de los campos y de lo que pasaba en el mercado. “Cuando segareis la mies”, dijo, “no segarás hasta el rincón de tu campo. No recogerás hasta el último tallo ni dejarás tu viña completamente vacía. Deja algo para el pobre y para el extranjero”.
Siguió diciendo: “No hurtaréis. No os engañaréis ni mentiréis unos a otros, ni juraréis en el nombre de Dios con mentira. No robarás ni oprimirás a tu prójimo”. Y si alguien contrataba a un trabajador, no debía guardar el pago hasta la mañana.
Moisés describió cómo debía haber justicia en los juicios: los jueces no debían favorecer al pobre ni darle trato especial al rico. Y añadió: “No maldigas al sordo, y delante del ciego no pongas tropiezo”.
Luego llegaron palabras que todo el campamento podía recordar: “No aborrecerás a tu hermano en tu corazón. No te vengarás ni guardarás rencor. Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
Y cuando extranjeros vivieran entre ellos, Israel no debía hacerles daño, recordando que también fueron peregrinos en Egipto. Además, debían usar pesas y medidas honestas.