Esta es la historia de Isaac, hijo de Abraham. Cuando Isaac tenía cuarenta años, se casó con Rebeca, de Padan-aram, la hermana de Labán. Durante mucho tiempo Rebeca no podía tener hijos, así que Isaac le pidió a Dios con todas sus fuerzas que la ayudara, y Dios le respondió.
Rebeca quedó embarazada, pero los bebés se empujaban y luchaban dentro de ella. Preocupada y confundida, fue a preguntarle a Dios qué estaba pasando. Dios le dijo: “Dos pueblos hay en tu vientre… y el mayor servirá al menor”.
Cuando llegó el momento, tuvo mellizos. El primero salió rubio y muy velludo, así que le pusieron por nombre Esaú. Después salió su hermano, agarrado del talón de Esaú, y por eso lo llamaron Jacob. Isaac tenía sesenta años cuando nacieron.
Con el tiempo, Esaú se volvió un gran cazador y le encantaba estar al aire libre. Jacob, en cambio, era más tranquilo y se quedaba cerca de las tiendas. Isaac prefería a Esaú porque disfrutaba la comida de caza que él traía, pero Rebeca prefería a Jacob.