Después vienen leyes para la vida diaria, de esas que podrías notar en una caminata por el pueblo. Si ves el buey, la oveja, el asno de tu vecino, o hasta una prenda de ropa que se perdió, no debes hacer como si no lo hubieras visto. Devuélvelo, o guárdalo con cuidado hasta que el dueño venga a buscarlo. Y si ves un animal caído en el camino, debes ayudar a levantarlo.
Moisés agrega reglas sobre no mezclar ciertas cosas: no plantes una viña con dos tipos de semillas, no ares con buey y asno juntos, y no uses ropa hecha con una mezcla de lana y lino. Cuando construyas una casa nueva, debes poner un ma’akeh, una cerca de seguridad, alrededor del techo plano para que nadie se caiga.
También enseña a ser cuidadosos con el dinero. No tomes una piedra de molino como garantía, porque con eso una familia prepara su comida. Cuando prestes algo, no entres corriendo a una casa para agarrar una prenda como garantía, espera afuera. Y si la persona es pobre, devuelve su manto antes de que se ponga el sol. A los trabajadores hay que pagarles ese mismo día, antes del atardecer. Y cuando coseches trigo, aceitunas o uvas, deja lo que se te cae o se te olvida para el extranjero, el huérfano y la viuda.