Dios le dijo a Moisés que Eleazar, el sacerdote, recogiera los incensarios de cobre de entre los restos quemados. Como se habían usado para ofrendas, eran sagrados. Los martillaron para hacer láminas que cubrieran el altar, como recordatorio de que ningún extraño, que no fuera de la familia de Aarón, debía ofrecer sahumerio.
Al día siguiente, la comunidad culpó a Moisés y a Aarón. Mientras se reunían, la Presencia de Dios apareció otra vez y comenzó una plaga. Moisés le dijo a Aarón: “Toma un incensario con fuego del altar, agrega sahumerio y corre hacia el pueblo para hacer kapparah, es decir, expiación”. Aarón corrió y se paró entre los muertos y los vivos hasta que la plaga se detuvo. Murieron 14,700, además de los que murieron con Coré.
Después, Dios ordenó que colocaran doce varas en la Tienda de Reunión, con el nombre de Aarón en la vara de Leví. A la mañana siguiente, la vara de Aarón había brotado flores y almendras.
Dios también dejó claras las tareas y los regalos: los sacerdotes servirían en el altar; los levitas ayudarían, pero no se acercarían a los objetos más sagrados. Los levitas recibían maaser (diezmos), y apartaban una décima parte de ese maaser como un regalo para Dios y para Aarón.