Las tribus de Reuvén y Gad tenían rebaños enormes. Al ver que Iazer y Guilad eran buenas tierras para el ganado, fueron a hablar con Moisés, con Eleazar y con los líderes. Les pidieron recibir esa tierra como su herencia, sin cruzar el Jordán.
Moisés los enfrentó: «¿Sus hermanos van a ir a la guerra mientras ustedes se quedan aquí?» Les recordó cómo, antes, unos exploradores habían desanimado a Israel, y cómo Dios hizo que el pueblo anduviera vagando cuarenta años.
Reuvén y Gad respondieron con una promesa. Construirían corrales para sus ovejas y ciudades fortificadas para sus hijos, pero sus guerreros irían primero, al frente. Usaron la palabra hebrea chalutzim, que significa “pioneros armados”, porque marcharían adelante hasta que la tierra quedara sometida.
Moisés aceptó con la condición de que de verdad cruzaran y pelearan. Si lo hacían, Guilad sería de ellos; si no, recibirían tierra en Canaán. Moisés también les asignó a ellos, y a la media tribu de Menashé, las tierras de Sijón y de Og. Reconstruyeron y cambiaron nombres de ciudades, y familias de Menashé conquistaron y se establecieron en más lugares de Guilad y más allá.