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נשא

Parashat Nasó

3 páginas · ~5 min de lectura · 18 % de la fuente · Leer la porción completa de la Torá en Sefaria

Nasó (“Hagan un censo”), la porción más larga de la Torá, empieza detallando las responsabilidades de los levitas. También describe las leyes de una mujer sospechada de adulterio (sotah), el voto del nazir, y la bendición sacerdotal. La porción termina con la lista de regalos que los jefes de las tribus llevan al Tabernáculo.

Página 1 Números 4:21-49

En el desierto, Dios le habló a Moisés sobre “Nasó”, que significa “hagan un censo”. Moisés debía contar a los hombres levitas de treinta a cincuenta años que podían servir en la Tienda de Reunión.

Cada familia tenía su propio trabajo. Los gersonitas cargaban las partes de tela: las cortinas del Tabernáculo, la cubierta de la Tienda, la cubierta de piel que iba encima, la cortina de la entrada, las cortinas alrededor del patio, la cortina de la puerta del patio y las cuerdas. También llevaban los objetos y accesorios relacionados con el altar. Hacían sus tareas siguiendo las órdenes de Aarón y de sus hijos, y Itamar, hijo de Aarón, los dirigía.

A los meraritas les tocaba lo más pesado: las tablas, las barras, los postes, las bases, las estacas y las cuerdas. Cada cosa estaba anotada para ellos por nombre. Moisés, Aarón y los jefes también contaron a los coatitas, que servían con los objetos más sagrados. En total se registraron 8,580 levitas, y cada uno recibió una responsabilidad clara, por orden de Dios.

Página 2 Números 5:1-31

Después, Dios dio reglas para cuidar el campamento, porque Él vivía allí, en medio del pueblo. A cualquiera que estuviera tamei (impuro) por una erupción en la piel, por una descarga, o por tocar un cuerpo muerto, lo enviaban fuera del campamento por un tiempo. Los hijos de Israel siguieron estas instrucciones.

Dios también habló de cómo arreglar las cosas cuando alguien le hace daño a otra persona. Si un hombre o una mujer se daba cuenta de que era culpable, tenía que confesar y devolver lo que tomó, agregando una quinta parte más. Si la persona dañada había muerto y no tenía un familiar que recibiera el pago, la devolución se entregaba para el kohen, junto con un carnero para kapará (expiación).

También había un ritual cuidadoso para los celos de un esposo cuando no había testigos. Él llevaba a su esposa ante el kohen con una ofrenda de harina de cebada, sin aceite ni incienso. El kohen usaba agua sagrada en un recipiente de barro, le ponía polvo del piso del Tabernáculo, descubría la cabeza de la mujer y colocaba la ofrenda de harina en sus manos. La mujer respondía: “Amén, amén”, y bebía el agua. Si era culpable, le vendría daño; si era inocente, no le pasaría nada.

Página 3 Números 6:1-21; 6:22-7:89

Dios explicó un voto especial para quien quisiera apartarse para Él por un tiempo. Se llama voto de nazir, una promesa de vivir con más separación durante ciertos días. En ese tiempo, la persona evitaba el vino y todo lo que viene de las uvas, no se cortaba el cabello y se mantenía lejos de los muertos, incluso de familiares cercanos. Si alguien moría de repente cerca de esa persona, se afeitaba al séptimo día, y al octavo traía dos tórtolas o dos palomas. También traía un cordero de un año, y los primeros días del voto ya no contaban.

Cuando el voto terminaba, la persona iba a la entrada de la Tienda de Reunión con ofrendas: un cordero macho, una corderita, un carnero y una canasta de panes y hojaldres sin jametz (sin levadura), con ofrendas de harina y libaciones. Después de afeitarse, ponían el cabello sobre el fuego que estaba debajo del sacrificio.

Dios le enseñó a Aarón y a sus hijos a bendecir a Israel: “Dios te bendiga y te cuide… y te dé paz”.

Cuando Moisés terminó de levantar y ungir el Tabernáculo, los jefes de las tribus trajeron regalos: seis carros y doce bueyes. Moisés dio dos carros y cuatro bueyes a los gersonitas, cuatro carros y ocho bueyes a los meraritas, y a los coatitas no les dio ninguno, porque ellos cargaban los objetos sagrados sobre sus hombros. Luego, durante doce días, un jefe por día trajo ofrendas para dedicar el altar, empezando con Naasón, de la tribu de Judá. Y cuando Moisés entraba a la Tienda de Reunión, oía la voz de Dios hablándole desde encima de la cubierta del Arca, entre los querubines.

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