Dios también habló de qué hacer cuando alguien pasaba por un tiempo difícil. Si un israelita se hacía pobre, los demás debían ayudarlo para que pudiera vivir junto a la comunidad. Los préstamos no debían convertirse en una trampa: no podían cobrar interés por adelantado con el dinero, ni cobrar de más cuando prestaban comida.
Si un familiar con problemas tenía que trabajar para otro israelita, no debía ser tratado como esclavo. Debía ser tratado como un trabajador contratado o un trabajador obligado, y nadie debía mandar con dureza. Serviría solo hasta el año de *yovel*, y entonces él y sus hijos quedarían libres y volverían con su familia y a su herencia.
Si un israelita terminaba trabajando para un extranjero residente que se había hecho rico, la familia todavía tenía el derecho de rescatarlo. Un hermano, un tío, un primo, o la misma persona podía pagar una cantidad justa, según los años que faltaran hasta el *yovel*.
Por último, Dios advirtió al pueblo que no hiciera ídolos, y les dijo que cuidaran los Shabbatot de Dios y honraran el santuario de Dios.